octubre 09, 2019

Ecuador Oct 2019

Me duele, me duele mi Patria, me duele mi ciudad.

Me duele ver saqueos, gente matándose, hermanos ecuatorianos enfrentándose unos a otros por problemas políticos y medidas económicas.

Mi Ecuador, país tercermundista, país de corrupción, país de caos, país de hermosas playas, de animales únicos, de verdes laderas, de comidas exóticas, de selva amazónica, de trajes típicos coloridos. El país de mis amigos, de mi familia, de mi trabajo.

Me duele verlo sumido en el caos, me duele la cabeza, me duele el corazón.

Esto no es nuevo para los ciudadanos, antes era peor dicen. Nuestra historia dice que un presidente murió arrastrado, "lo arrastraron como Alfaro" sabían decir mis abuelos, otro presidente se llevaba el dinero en sacos, y solo hemos tenido una mujer presidente que duró 2 días.

Esto no es nuevo, no. Pero esta angustia que siento sí lo es para mi. Nunca me he interesado por la política, lo único que quiero es poder trabajar, hoy luego de 6 días de Paro Nacional, estoy trabajando desde mi casa, porque así me autorizó mi jefe, y no puedo menos que sentirme privilegiada, porque es un privilegio tener trabajo, saber que en unos pocos días tendré dinero en la cuenta del banco, que a fin de mes no me sobra, pero tampoco me hace falta para que mi familia pueda comer todos los días, ir al cine de vez en cuando y a comer fuera dos veces al mes, es un privilegio que muchos hermanos ecuatorianos no tienen.

Ya no quiero ver videos de redes sociales, ya no quiero saber, no quiero ver como matan a mis hermanos indígenas, esos que antes de que amanezca ya están en pie camino a sus cerros para ordeñar sus vacas, o alimentar a los cuyes, mis hermanos indígenas de piel curtida por el sol, mujeres con várices, hombres con dolores en las rodillas, niños que tienen que caminar para ir a las escuelas, niñas que celebran sus 15 años cosechando papas.

Ya no quiero ver videos de redes sociales, ya no quiero saber, no quiero ver como familias enteras se meten a un almacén a robar, como los padres enseñan a sus hijos a delinquir, a apuñalar a la gente que pasa por las calles, ellos también son mis hermanos, hermanos marginados, que no tienen acceso a la educación, victimas de violencia intrafamiliar generación tras generación.

Hoy, estoy segura en la tranquilidad de mi hogar, trabajando en la laptop con pantalla adicional, escuchando jazz en youtube, mientras de fondo el sonido de lavadora repiquetea y mi hija almuerza con mi esposo; somos una familia de clase media, me siento privilegiada, privilegiada por estudiar donde estudié, por trabajar, por comer, por la familia en que nací. Y ese es un privilegio que muchos de mis hermanos ecuatorianos no tienen.

Ya no quiero ver videos, pero tampoco puedo permanecer indiferente. Porque aunque yo no vea sigue pasando, este horror continúa y no sé hasta cuando.

Tengo miedo.

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