septiembre 29, 2012

así estoy...sin ti

Así como un niño que pasa con sus padres por un parque, y quiere entrar y deslizarse por los toboganes hasta caer rendido porque no hay mejor sensación en el mundo que sentir el viento a través de su cabello y la velocidad y la euforia al bajar..

Así como un niño cuyos padres se dirigen a otro lado pero acceden a entrar un ratitto y que se deslixce 2 veces, porque no se puede más..

Así como un niño que feliz agradece entrar por un momento a su lugar favorito en el mundo, y entrar y disfrutar..

Así como un niño que una vez dentro quiere que el tiempo pase lentamente y camina pausado, y con sus pequeñas manitas va tocando todo, todo lo que más puede, porque todo es agradable, todo es especial..

Así como un niño que está feliz y triste. Feliz por estar allí, triste porque el reloj no tiene piedad y al son del ding dong avanza sin importarle nada..

Así como un niño que sale del parque sintiéndose desdichado, con un nudo en la garganta y reteniendo la lágrima que amenaza con delatar su tristeza..

Así como un niño que entiende que no podía quedarse, por eso calla y por eso camina aunque siga sintiendo el nudo en la garganta, y tan sólo espera el día en que pueda regresar, y ya no haya límites de tiempo, ni obligaciones, ni entendimiento, tan sólo felicidad..

Así estoy yo.. Así, sin ti.
Contando los días para volver a verte.

septiembre 25, 2012

Amor de lejos.. nostalgia exponencial


Situación sentimental: RD (Relación a Distancia)

 
Situación emocional: alegre porque llegas, triste porque en dos días te vas.

 
Situación racional: desactivada. No quiero pensar en la distancia, las diferencias, las discusiones, la nostalgia, el poco tiempo, el vacío en mi cama, el espacio entre mis dedos que no pueden ser llenados con los tuyos.

 
Situación espiritual: buscando fe y esperanza hasta en la contraseña del skype.

 

firEwoRks!


Buen sexo sin amor. Vacío.

Amor sin sexo. Aburrido.

Buen sexo con mucho amor. Fireworks!

septiembre 24, 2012

torbellino


Buscas un trébol de 4 hojas. Buscas la perfección.

Cuando tienes una orquídea en las manos. Especial, rara, única.

 

¿Cómo te explico que me estás perdiendo?

¿Cómo te explico que quiero quedarme?

 

                                                                                                                                                                                                                                          
 

No, no me imagino el futuro sin ti.

Pero no te imaginas la paz que siento en este presente.

Sin discusiones, sin presiones, sin cuidados extremos en palabras inapropiadas, vocalización ausente, lentitud y pausas hasta al respirar.

 

Me pierdes. Te pierdo.

 

Quieres quedarte.

Yo también. Quizá no tanto.

 

                                                                                                                                                                                                                                          

 

Me cansé.

 

                                                                                                                                                                                                                                          

 

Eres un espejo.

Pero sobredimensionado.

Yo tiro una piedra.

Tú, una bomba atómica.

 

                                                                                                                                                                                                                                           

 

Te exraño.

 

                                                                                                                                                                                                                                             

 

Búscame.

 

                                                                                                                                                                                                                                          
 

Hagamos posible esta locura de seguir juntos.

 

Como si fuese la primera vez


Yo quiero creer que voy a abrir los ojos cada día como si fuese la primera vez. Ver a las personas que me rodean con sorpresa y espanto, alegre por descubrir que están a mi lado compartiendo algo llamado amor, de lo que se habla mucho pero se entiende poco.

Subiré al primer autobús que pase, sin preguntar a dónde se dirige, y me bajaré en cuanto vea algo que me llame la atención. Pasaré junto a un mendigo que me pedirá una limosna. Tal vez se la dé, tal vez me parezca que se la va a gastar en bebida y pase de largo -escuchando sus insultos y entendiendo que esta es su manera de comunicarse conmigo-. Veré a alguien que está intentando destruir la cabina telefónica. Tal vez intente impedírselo, tal vez entienda que hace eso porque no tiene a nadie con quien conversar al otro lado de la línea y, de esta manera, busca espantar su soledad.

Voy a mirarlo todo y a todos como si fuese la primera vez, sobre todo las pequeñas cosas, a las que ya estoy acostumbrado, de forma que acabe olvidándome de la magia que me rodea: las teclas de mi ordenador, por ejemplo, que se mueven con una energía que yo no logro entender; el papel que aparece en la pantalla y que hace mucho tiempo que no se manifiesta de manera física, aunque yo crea que estoy escribiendo en una hoja en blanco, en la que resulta muy fácil corregir, apenas apretando una tecla. Al lado de la pantalla del ordenador se acumulan algunos papeles que nunca llego a poner en orden por falta de paciencia, pero, si empezara a pensar que esconden novedades, todas estas cartas, notitas, recortes y recibos adquirirían vida propia y tendrían historias curiosas sobre el pasado y sobre el futuro que contarme. Tantas cosas en el mundo, tantos caminos recorridos, tantas entradas y salidas en mi vida…

Voy a ponerme una camisa que uso muy a menudo y por primera vez voy a prestar atención a su etiqueta, a la manera como fue cosida, y voy a intentar imaginarme las manos que la diseñaron y las máquinas que transformaron este diseño en algo material, visible.

E incluso las cosas a las que estoy acostumbrado -como el arco y las flechas, la taza del desayuno, las botas que se transformaron en una extensión de mis pies de tanto llevarlas- se verán revestidas del misterio del redescubrimiento. Que todo lo que toque mi mano, vean mis ojos o pruebe mi boca sea diferente ahora, aunque haya sido igual durante tantos años. De esta manera, todas ellas dejarán de ser naturaleza muerta, empezarán a transmitirme el secreto de por qué han permanecido tanto tiempo junto a mí y manifestarán el milagro del reencuentro con emociones que ya habían sido desgastadas por la rutina.

Quiero mirar por primera vez al sol si mañana hace buen tiempo; observar el tiempo nublado si mañana el día es gris. Por encima de mi cabeza existe un cielo del que la humanidad entera, durante millares de años de observación, ya ha dado una serie de explicaciones razonables. Pues me olvidaré de todo lo que he aprendido sobre las estrellas y ellas se transformarán de nuevo en ángeles, o en niños, o en cualquier otra cosa en la que tenga necesidad de creer en un momento dado.

El tiempo y la vida lo fueron transformando todo en algo perfectamente comprensible -y a mí me hace falta el misterio, el trueno que es la voz de un dios enfurecido, y no una simple descarga eléctrica que provoca vibraciones en la atmósfera. Yo quiero llenar nuevamente mi vida de fantasía, porque un dios enfurecido es mucho más curioso, aterrador e interesante que un fenómeno físico-.

Y, finalmente, que me mire a mí mismo como si fuese la primera vez que estuviese en contacto con mi cuerpo y con mi alma. Que mire a esta persona que camina, que siente, que habla como cualquier otra, y que me quede asombrado con sus gestos más simples, como conversar con el cartero, abrir la correspondencia o contemplar a su mujer durmiendo a su lado, preguntándose con quién estará soñando.

Y de esta manera seguiré siendo lo que soy y lo que me gusta ser: una sorpresa permanente para mí mismo. Este yo que no fue criado ni por mi padre, ni por mi madre ni por mi escuela, sino por todo aquello que he vivido hasta hoy, que olvidé repentinamente y que estoy descubriendo de nuevo.

Paulo Coelho.

Pastillas para no soñar - Joaquin Sabina


Si lo que quieres es vivir cien años
no pruebes los licores del placer.
si eres alérgico a los desengaños
olvídate de esa mujer.
compra una máscara antigas,
mantente dentro de la ley.
si lo que quieres es vivir cien años
haz músculos de 5 a 6.
y ponte gomina que no te despeine
el vientecillo de la libertad.
funda un hogar en el que nunca reine
mas rey que la seguridad,
evita el humo de los clubs,
reduce la velocidad,
si lo que quieres es vivir cien años
vacunate contra el azar.
deja pasar la tentacion
dile a esa chica que no llame mas
y si protesta el corazon
en la farmacia puedes preguntar:
¿tienen pastillas para no soñar?
si quieres ser matusalen
vigila tu colesterol,
si tu pelicula es vivir cien años
no lo hagas nunca sin condon,
es peligroso que tu piel desnuda
roce otra piel sin esterilizar,
que no se infiltre el virus de la duda
en tu cama matrimonial.
y si en tus noches falta sal
para eso está el televisor.
si lo que quieres es cumplir cien años
no vivas como vivo yo.
deja pasar la tentacion
dile a esa chica que no llame mas
y si protesta el corazon
en la farmacia puedes preguntar:
¿tienen pastillas para no soñar?

Cantares - Joaquin Sabina


Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.

Nunca perseguí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.

Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse...
Nunca perseguí la gloria.

Caminante, son tus huellas
el camino
y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.


Caminante no hay camino
sino estelas en la mar...

Hace algún tiempo en ese lugar
donde hoy los bosques se visten de espinos
se oyó la voz de un poeta gritar:
«Caminante no hay camino,
se hace camino al andar...»


golpe a golpe, verso a verso...

Murió el poeta lejos del hogar.
Le cubre el polvo de un país vecino.
Al alejarse le vieron llorar.
«Caminante no hay camino,
se hace camino al andar...»


golpe a golpe, verso a verso...

Cuando el jilguero no puede cantar,
cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar.
«Caminante no hay camino,
se hace camino al andar...»

golpe a golpe, verso a verso.