Mi abuelita: me daba libros de pequeña, me enseñó a coser, me llevaba a misa y al grupo de la iglesia, me prepara jugo de tamarindo ("porque eso le hace bien mijita"), lo curaba todo con un poquito de merteolate y soplando apenitas, me dice que escriba / coma / corte con la mano que vale (soy zurda y se me ríe), me guarda jugo de badea porque sabe que me encanta, siempre tiene un tecito o agüita de dios-sabe-qué para el dolor de turno.
Mi abuelito: me enseñó a escribir, el prekinder (en mis tiempos jardín) lo hice con él, Kinder Garden se llamaba. El era el profesor, mi abuelita la directora, mi tía la secretaria. Tengo libreta y todo! me hacía tilín tolón (me levantaba en brazos y yo era un reloj de péndulo), me llevaba helicópteros para jugar (algún tipo de flor, planta, semilla que parece helicóptero), me prepara rábano con ajo y siempre he sido y seré su niña E.
Pelean sí.
Son enojones los dos, sí.
Con el tiempo se han dulcificado un poco, sí.
Soy inmensamente bendecida por tenerlos en mi vida.